Este es el Ampex 600 (monoaural), utilizado para las grabaciones aquí ofrecidas. Solamente se usaron dos micrófonos Electrovoice, sin consola mezcladora y cinta 3M 111 corriendo a 7 ½ i.p.s. El resultado es increíblemente bueno, y fue apenas procesado para mejorar sonido ambiental.
La historia de la organización de espectáculos en Montevideo registra una serie de lamentables fiascos.
Probablemente muchos de los lectores re- cuerden aun la actuación de Luciano Pavarotti en el Estadio Centenario, oportunidad en que la sobreventa de entra- das produjo una trifulca que incluyó el intercambio de gruesos insultos entre el tenor italiano y los espectadores.
La actuación de la orquesta de Dizzy Gillespie en Montevideo el 5 de agosto de 1956, se inscribe también dentro de los conciertos-decepción, y lo que pudo ser una fiesta, se opacó no por razones artísticas, sino por errores de difusión y logística.
te un hecho no muy usual en esos días, y a la vez una buena forma de dar otra imagen de un país, por entonces sumido en el tristemente célebre boicot de los autobuses.
Yardbird Parker había muerto un año antes, el rock and roll se abría paso firmemente en los gustos populares. Gillespie en el pináculo de su carrera brillaba dentro del mundo del jazz.
Una orquesta norteamericana multirracial, y que además incluía una mujer en sus filas, era realmen
Dizzy autografió esta foto para el Hot Club.
El primer congresista de origen afroamericano: el Rvdo. Adam Clayton Powell, de quien surgió la idea de la gira.
La Orquesta en pleno tocando para Radio El Mundo.
Tampoco hay que creer que los prejuicios raciales fueran característica exclusiva de países sajones. Pocos días antes del concierto montevideano, el City Hotel de Buenos Aires se negó a registrar al propio Gillespie entre sus huéspedes. El escándalo motivó una disculpa oficial de la Casa Rosada.
El episodio del hotel no pareció hacer mella en el humor de Dizzy, que disfrazado de gaucho y subido a un caballo recorrió algunas calles de la capital porteña.
Tampoco lo desanimó para tocar con la orquesta típica de Osvaldo Fresedo, en un experimento de improbable éxito de integrar su trompeta a la orquesta del Pibe de la Paternal.
La iniciativa de la gira gillespiana había partido del congresista Rvdo. Adam Clayton Powell y financiada por el Departamento de Estado como una suerte de embajada musical de buena voluntad.
Además de Uruguay, la banda recaló en Argentina, Brasil y Ecuador, del mismo modo que unos meses antes, con una integración algo diferente, lo había hecho también por Grecia, Yogoeslavia y Medio Oriente.
Itinerario:
Julio 25 Quito
Julio 26-27 Guayaquil
Julio 28-4 Agosto B. Aires
Agosto 5 Montevideo
Agosto 6-12 Rio
Agosto 13-17 Sao Paulo
Las grabaciones del concierto, se vuelven a escuchar luego de 55 años.
La orquesta cruzó el Plata en el Vapor de la Carrera, durante una gélida noche de invierno. Poco después los músicos estaban instalados en el poco funcional escenario armado en el Cine Censa.
La promoción previa fue intensa al punto que se vendieron las tres mil entradas disponibles, sin embargo lo que se prometía era un espectáculo llamado "Historia del Jazz".
Probablemente la mayoría de los espectadores no había sido atraído tanto por el talento del Gillespie, sino por la promesa de una especie de cabalgata didáctica que abarcaba el jazz en toda su existencia y todos sus estilos.
En realidad, ese había sido el espectáculo que Gillespie había presentado en su gira anterior, pero que había sido totalmente replanteado para su tour latinoamericana. Nunca se pudo determinar si se trató de un error de los funcionarios del norte a la hora de enviar el material promocional, o por el contrario de una estrategia no muy leal de la empresa organizadora del concierto para vender las tres mil entradas.
Rehak, Flax y Woods: haciendo tiempo.
Gillespie con atuendo gauchesco.
Phill Woods y Charlie Persip junto al triángulo en el Hot Club.
En el Escenario del Censa. Paco entrega las llaves de oro.
Dizzy en el Hot Club de Montevideo.
Quincy Jones en un aparte con Naldo Salustio.
José Mañosa en diálogo con Gillespie.
Lo cierto es que el concierto no comenzó con Saint Louis Blues como marcaba el programa, sino con Dizzy's business y ahí comenzaron los nervios.
También las decepciones, porque la sala del Censa hoy devenida en centro comercial de cuarta categoría, era realmente muy grande, y el equipo sonoro contratado resultó absolutamente insuficiente para llevar el sonido de la orquesta con cierta brillantez más allá del primer tercio de la platea. Eso sin contar por ejemplo que el contrabajo no tenía micrófono, y por lo tanto para el público hubiera sido lo mismo que Nelson Boyd se hubiera quedado en el hotel recuperando sueño perdido, o en La Pasiva eating uruguayan hot dogs.
Los músicos con gran profesionalismo dieron todo de sí como si nada pasara, mientras que Gillespie exhibió su habitual buen humor ignorando el clima adverso.
Finalmente se llevaron el calor y el cariño del público.
Durante un momento de la actuación Paco Mañosa como homenaje le entregó una simbólica llave de oro del Hot Club.
Gold ? Is it real gold ?
Esa fue la pícara respuesta de Dizzy.
Por la noche, Woods, Mitchell, Pership, Rehak, Davis, Cromer, Warwick, Jones y Flax se explayaron a su gusto en el Hot Club en una session que duro hasta muy entrada la madrugada.
Cerca de las diez , un taxi se detuvo a la puerta del Club. Transportaba a un solitario y cansado pasajero. Era Gillespie. El sentimiento de alegría de la multitud de socios y amigos del jazz que llenaba el Hot Club, es fácil de palpar en las fotos que ilustran el momento. Pero Gillespie no llevó su trompeta. La visita era sólo de cortesía, tal vez para probar la llave de oro que Paco le había obsequiado por la mañana.
Dizzie junto a Naldo Salustio y un montón de socios del Hot Club.